jueves 3 de septiembre de 2009

Intimidad con Kureishi


Las reglas se hicieron para romperse, reza uno de los clichés máximos de la humanidad. Pero en ningún campo parece tan atinado este comentario como en la literatura, donde abundan libros-manuales-talleres-cursos para "escribir" ficción, escribir creativamente, escribir bien, etc. Construir diálogos, perfilar personajes, desarrollar argumentos... todo un set de instrucciones y situaciones a fabricar le esperan al escritor en una hoja en blanco.
Pero de vez en cuando, nos topamos con brutales ejercicios de honestidad disfrazados de "novela", o mejor aún, nos topamos con una de las mejores novelas de la era moderna, pero que no es novela. Creo que pocos escritores se atreverían a construir un retrato tan desgarrador y autoflagrante como Intimidad, de Hanif Kureishi, que termina siendo un monólogo donde el autor nos narra todo lo que pasa por su cabeza, la noche previa al día en que abandonará a su mujer e hijos, pues ya no es feliz.
La prosa de Kureishi es fluida, directa, a veces cruel, pero honesta y sincera siempre.
Existen diálogos, situaciones y momentos netamente novelísticos, todos a manera de flashback y siguiendo las corrientes más puristas del género, pero en sí la obra rompe esquemas y paradigmas literarios: se enfoca en la reflexión y análisis de un contexto que orilla al individuo a escapar hacia la libertad. Pero ojo, que Kureishi nunca ha sido ni será un "motivador" o filósofo de las relaciones humanas; Intimidad es solamente un ejercicio de catarsis. No existen las justificaciones ni las contemplaciones en torno a la causa y efecto, no está la obra plagada de conmiseración y culpas... Lo que hay es sinceridad, o como lo dice el mismo Kureishi, Intimidad. No hay un perfil de personajes, no busca la empatía con el protagonista, ni marcar víctimas y verdugos. Kureishi busca explorar aspectos emocionales, sexuales, sociales, de todo tipo, en el diálogo interno de un hombre que analiza su futuro consciente de su decisión, mientras observa las horas que lentas le llevan a la conclusión de su vida como hombre casado.
Intimidad es una alegoría al desamor, a la desesperanza, a la apatía. Parece peligrosa en su temática, definitivamente no es para todos los gustos, pero no se puede negar lo inquietante de su trama, y la fuerza de una confrontación directa con el lector, que cierra el libro preguntándose en cuántas partes coincidió con Kureishi, y cómo reaccionaría cada uno. Al final, esa trascendencia hacia la mente del lector es lo que hace grande a un libro. Leer más...

miércoles 26 de agosto de 2009

Rata inmunda...

Pakita es grande, no sólo en tamaño-anchura, sino en emociones viscerales vomitadas al micrófono, siempre embriagada, siempre retadora. Pakita la del Barrio es un símbolo de los mexicanos, como Hermelinda Linda y otras más. Y curiosamente, una inglesa que se hizo muy famosa recientemente, doña Susan Boyle, tiene en su físico reminiscencias claras de nuestros símbolos nahuas. Canta ópera, y muy bien, pero bueno, lo que se ve no se pregunta. Y por ello, cuando me pasaron este video donde Susan canta "Rata de dos patas"... genial. No me quedó más que compartirlo con ustedes. Enjoy.
Leer más...

viernes 21 de agosto de 2009

He vuelto.

Me fui, pero he vuelto. I'm back diría Chochoneger en sus días de Terminator (la nueva película apesta, por cierto). Hay mucho qué decir, mucho espacio a llenar en este blog que siempre ha sufrido de la patológica falta de disciplina y constancia de su autor, o sea, yo. Pero hay intenciones, ganas, nuevos retos.
Y es que el hecho de que éste sea un blog que habla de todo y de nada, dificulta las cosas. ¿Qué decir? ¿Algo de la profesión, de lo que me gusta, de lo que me caga, de lo que me asusta? No sé, supongo que siempre he visto este blog como un vehículo de escape y redención interna más que como un foro auténtico. Aquí vomito-deposito-extraigo mis ideas, estúpidas, geniales, inútiles, valiosa... como sean, como las juzguen, pero ahí están.
Basta de bla bla bla. Tampoco se trata de ponernos serios, la cosa es echarle humor, acidito y negro, pero humor.
En fin, que mientras definimos este pedo, les dejo la que para mí es la mejor canción de Radiohead so far. Enjoy.
Leer más...

viernes 19 de junio de 2009

La vera historia de Cancel & Gretel


Cancel y Gretel gustaban de caminar por el bosque a menudo, aunque siempre gustaron mucho más de echarse un menudo. Quizás fue por eso que ese día se aventuraron en un bosque aparentemente nuevo, tan nuevo que ni siquiera alcanzaba a aparecer en los registros de Catastro. Pero decían los lugareños que en el centro de la arboleda habitaba una viejita que cocinaba de poca mama. Así que le entraron los aventados muchachillos.

Después de un rato de caminar entre sombras y figuras que pasaron del típico animalito de bosque al miedo de lo desconocido, supieron ambos que no estaban más en su tierra natal, tan roja como mojada.
Al fin vislumbraron su destino: una hermosa y colorida casita construida completamente de dulces. Paredes de albaricoque, techos de alcafor, escalones de gomita, barandales de caramelo y ventanas de azafrán-mazapán-diazepán.
Con cautela se acercaron los dos pinchis críos hasta la puerta -sabor a galleta María en mingorote toda ella- y tocaron en repetida melodía -toquiti toquiti toc-, una y otra vez.
La puerta se abrió tirando algunas migajas, y se asomó una tétrica viejita, chimuela, ojo caído, verruga con pelos y cara de pocos amigos. En el fondo se alcanzaba a percibir un caldero... y debajo, algo que parecía huesos viejos pequeños, aún sin alcanzar un completo desarrollo. Parecían huesos de niños.
-Entren mis pequeñines cachetones, les prepararé algo rico de comer -soltó la anciana.
Cancel y Gretel ni se molestaron en entrar. Tenían muy claro su trabajo.
-Mire doña Lucha, no nos hagamos pendejos -dijo Cancel. -Usted no tiene permiso ni licencia municipal para vender menudo en esta zona del bosque. No ha pagado el predial, el agua ni la cuota vecinal. Por lo que veo, carece de permiso sanitario y estoy seguro de que si realizamos una inspección a fondo, encontraremos sorpresas desagradables, como esos huesos viejos ahí nomás regados. Además, ¿quién chingados le dijo que se puede construir una casa con dulces y pendejadas así? No mame. Su casita no tiene cimientos, carece de paredes en forma, no cumple con las reglamentaciones de banqueta, no veo las vigas y francamente dudo mucho que haya tramitado su permiso de construcción apropiado. Así que a lo que te truje, mi Gretel.
Gretel tomó la cinta amarilla de "CLAUSURADO" que siempre cargaba, y empezó a rodear con ella la casita.
La anciana no atinó a pronunciar palabra, mientras veía su casa completamente rodeada por la cinta oficial del ayuntamiento, con lo que se clausuraba su changarro y hogar.
Cancel y Gretel se alejaron lentamente, silbando y riendo, seguramente en busca del siguiente giro poco cumplidor para cancelarlo con singular alegría, alevosía y ventaja. Detrás se quedó la anciana rumiando su rabia, maldiciendo la suerte de ese día y pensando para sí: "Pinches inspectores hijos de la chingada, cada día los disfrazan mejor".
Leer más...

miércoles 17 de junio de 2009

¿A nadie le molesta la incoherencia de Transformers?


Crecí viendo a los Transformers (...¡más de lo que ves!) en Imevisión, luego TV Azteca, en noches de domingo recién bañado y con las uñas cortaditas, justo antes de dormir para al día siguiente compartir con mis amigos de la escul las aventuras y peripecias de Optimus Prime y Bumblebee (originalmente un vochito bonachón, no el Camaro mamerto de la película de Michael Mann). Y aunque me emocionó saber de la película Transformes, la fui a ver y hasta me divertí, hay algo que me sigue cagando y que no entiendo: ¿Cómo es posible que si Optimus es un tráiler (sin caja) y Bumblebee es un Camaro, una vez transformados están más altos que el templo de San José Obrero? ¿O sea cómo? ¿De dónde chingados sacan tanto fierro pa' crecer como gringos hipervitaminados? Les juro que eso me distrajo cuando vi la primer cinta al grado de que me perdí a ratos de las curvas de Megan Fox. ¿Qué pedo con eso? De repente miden como dos pisos de altura, que ya es un chingo, y luego los vemos como edificios inmensos. No sé si son errores de continuidad, diseño, producción o de plano a los productores eso les vale madre y a la gente también -parece que soy el único que se molesta con eso-. Chequen el poster que abre esta entrada, me cae que aquí sí se la prolongaron: los protagonistas humanos parecen chinches ante estos gigantes de hojalata. Bendita inocencia de la infancia, cuando el absurdo me valía puritita madre, no que ahora, fijado hasta en la cocina. Ni modo. Leer más...